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martes, 7 de agosto de 2012

Cae la noche en Alcorcón

La noche cae en Alcorcón. Muchas criaturas aprovechan la oscuridad para salir de sus escondrijos. Nos encontramos en los terrenos que rodean la Venta de la Rubia. Mientras paseo por el alcornocal, se me cruzan de vez en cuando algún mochuelo. Alguna paloma torcaz levanta apresuradamente el vuelo rompiendo el silencio y la magia del momento. Los conejos hacen su aparición en gran número. Hay zonas de Alcorcón donde son numerosísimos. Uno lamenta que cuando llegue la temporada de caza, también habrá muchas bajas. Alguno se confía tanto que se coloca a sólo unos metros de mí. Uno de mis objetivos era observar algún zorro, que también los hay por la zona. Pero no tengo éxito. Cojo la bici y me marcho a otra zona: Las Presillas. Lo primero que hago es bordear el pequeño lago artificial. Los murciélagos revolotean en gran número sobre el agua. Algunos parecen que van a chocar contra mi cabeza, pero en un último giro brusco, me esquivan, dejéndome con el susto en el cuerpo. Alguna rana se escucha sobre la aún escasa vegetación del lago. Y más conejos. Algunos corren delante de mi bici como queriendo retarme. Llego a la zona del pinar. De nuevo la paz. Impresiona observar este bonito pinar desde su interior en medio de la noche. De nuevo la magia es rota por alguna paloma torcaz o alguna urraca que alerta de nuestra presencia con su grito de alerta que debe ser oído en todo el bosquete. Así es difícil que ninguna rapaz nocturna se acerque. A lo lejos se escucha alguna perdiz que va despidiendo el día. Una sombra oscura y silenciosa se mueve delante de mí. Otro mochuelo a escasos metros. La oscuridad le da seguridad. Él me observa pero yo no alcanzo a verlo bien. Pasados unos minutos, empiezo a escuchar el lamento de algún ser que bien podría ser una lechuza. No lo puedo asegurar categóricamente, porque desgraciadamente no he escuchado muchas. Cada día son más escasas. Minutos más tarde tengo el premio que venía buscando. En medio del pinar otra gran sombra silenciosa rompe la monotonía del lugar. Sólo alcanzo a ver su tamaño, de gran envergadura, y la coloración blanca de las plumas inferiores. Se posa en una rama. Posiblemente él me ve a mi. Yo a él sólo alcanzo a ver el contorno. Está como a unos 60 metros, por lo que no alcanzo a ver qué es. Le veo acicalarse las plumas durante unos minutos y luego levanta el vuelo y se marcha. Con un vuelo bajo, para evitar las ramas de los pinos, y silencioso desaparece en la espesura del bosque. ¿Cárabo o búho chico? Imposible de saber, ya que ambos tienen la coloración inferior de las alas de color claro. Me quedo con la duda pero también con el regusto de saber que en la noche de Alcorcón, existen otras muchas criaturas desconocidas que habitan en nuestro entorno. Una razón más para no agredir el medio natural que rodea nuestro municipio.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Adios, vencejos

Llevo varias mañanas mirando al cielo y echando en falta algo: Los vencejos. Ya se han ido, por lo menos, los que había por mi zona. Aún se ve alguno aislado, pero el gran grueso de individuos, se ha marchado. El primer día que noté su ausencia fue el 28 de Julio. Y se les echa de menos. Sus alocadas carreras y sus estruendosos reclamos. Esta tarde me acerqué al lago de Las Presillas. Allí solían congregarse al caer la tarde los vencejos. Pero hoy sólo había golondrinas y aviones comunes. Ni rastro. Como ya hemos dicho en este blog, llegan súbitamente y se marchan de igual forma. Queda la mitad del verano, pero ya no es lo mismo sin ellos.