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23 diciembre 2012

Paseo por la Venta de la Rubia en una tarde invernal

Después de varios días nubosos, la tarde ha salido bastante soleada y agradable, lo que invitaba a dar un paseo por los parajes que rodean la finca de la Venta de la Rubia.
Los campos en esta época del año viven una gran calma, lo que sirve de relajación para el visitante. Los animales están menos activos, se muestran menos y también hay menos gente en el campo. Sólo los sonidos lejanos de las escopetas rompían la monotonía del sonido ambiental.
Tomo la bicicleta y cojo el camino que sale justo detrás de la rotonda de Tres Aguas.
En este camino ya me encuentro las primeras aves: Lavanderas blancas.
Llego a la primera arboleda, y sólo alcanzo a ver a las sempiternas urracas. Prosigo mi camino y llego a la segunda arboleda, la que más me gusta. Paro un rato pero no veo demasiadas aves. Se ve algún solitario colirrojo tizón y algún pequeño bando de pinzones vulgares. A lo lejos resuena el reclamo ruidoso de un pito real.
Como no hay demasiado movimiento, me pongo en marcha de nuevo. Bordeo la finca de la Venta de la Rubia y sigo por el camino paralelo a la valla. Dentro de la finca, se pueden ven grandes bandos de pinzones vulgares. Es un ave muy común en Europa, y en Alcorcón, aunque se puede ver todo el año, es ahora cuando hay un mayor número de individuos, ya que muchos proceden del norte del continente. También me encuentro alguna que otra cogujada al pie del camino.
Llego al primer encinar y me quedo un rato observando. La misma quietud que en otros lugares. Tan sólo el estruendo de un numeroso grupo de grajillas rompe el silencio del lugar. No las he contado, pero hay muchísimas, volando por encima de la finca en grupo. Y, como no, urracas.
Doy media vuelta y regreso por el mismo camino hasta llegar de nuevo a la arboleda donde estuve detenido un rato, pero antes de llegar, una hermosa garza real surca el cielo con su majestuoso vuelo. Quiero ver mochuelos. En breve va a anochecer y es hora de empiecen a salir. Me quedo un rato esperando pero no hay suerte. Algún colirrojo, algunos pinzones, pero no veo mochuelos. El sol ya está bastante bajo y empiezo a notar que la temperatura ha comenzado a descender bruscamente. Ya no es la temperatura agradable de cuando inicié mi andadura. Prosigo mi camino de regreso andando. A escasos metros de mí, un ave que había escapado a mi vista sale de un árbol: Un mochuelo. Unos metros más allá, en otro árbol cercano, misma cosa. Y como no hay 2 sin 3, un poco después otro mochuelo. Ya sabía yo que aquí los iba a ver. Pero el sol bajo y de frente junto con los colores miméticos del mochuelo, y los troncos retorcidos de los árboles me impidieron verlos a tiempo para deleitarme con su visión. Simplemente me fascinan.
Tomo ya el camino de vuelta y un sonido llama mi atención. Miro al cielo y ahí está un grupo de 17 grullas en su típica formación de punta de flecha pasando encima de mi. Y unos metros más a la izquierda un grupo mayor de unos cien individuos, repitiendo formación y con destino suroeste que pasa por encima de los campos de Alcorcón. A buen seguro se dirigirán a Extremadura, a pasar el invierno para tomar fuerzas de cara a la época de cría que tendrá lugar en latitudes más septentrionales que la nuestra. Unos metros más adelante, me topo con un pinzón real, el primero que veo en Alcorcón. Con esta sorpresa termina mi visita a esta zona una tarde cualquiera de Diciembre.

07 noviembre 2010

Un colirrojo tizón


Os presento hoy otro de esos pajarillos que viene a visitarnos en los meses fríos del año, el colirrojo tizón. Su hábitat natural son los roquedos, aunque no desdeña las construcciones humanas para hacer sus nidos. En Alcorcón, es un ave rara de observar en primavera y verano, pues no encuentra su hábitat natural cerca, pero en otoño e invierno, es posible encontrar ejemplares de esta especie en las zonas naturales de Alcorcón y en parques periurbanos. Esto no es raro si pensamos que España recibe una gran población de colirrojos tizones del norte de Europa.
Quizás resulte un ave algo difícil de identificar a simple vista, por sus colores oscuros, pero enseguida le reconocerás si inicia el vuelo, momento en que muestra su cola roja que le hace inconfundible. Además, si es macho, tendrá unas manchas alares blancas.
Su primo el colirrojo real es más difícil de ver, tan sólo le podremos observar en paso migratorio durante el otoño.
Esta mañana tuve la ocasión de observar uno, encaramado en la valla de un colegio. Nada más iniciar el vuelo, mostró su inconfundible cola rojiza. Una especie más que hay que añadir a la de visitantes invernales de Alcorcón.