Después de varios días nubosos, la tarde ha salido bastante soleada y agradable, lo que invitaba a dar un paseo por los parajes que rodean la finca de la Venta de la Rubia.
Los campos en esta época del año viven una gran calma, lo que sirve de relajación para el visitante. Los animales están menos activos, se muestran menos y también hay menos gente en el campo. Sólo los sonidos lejanos de las escopetas rompían la monotonía del sonido ambiental.
Tomo la bicicleta y cojo el camino que sale justo detrás de la rotonda de Tres Aguas.
En este camino ya me encuentro las primeras aves: Lavanderas blancas.
Llego a la primera arboleda, y sólo alcanzo a ver a las sempiternas urracas. Prosigo mi camino y llego a la segunda arboleda, la que más me gusta. Paro un rato pero no veo demasiadas aves. Se ve algún solitario colirrojo tizón y algún pequeño bando de pinzones vulgares. A lo lejos resuena el reclamo ruidoso de un pito real.
Como no hay demasiado movimiento, me pongo en marcha de nuevo. Bordeo la finca de la Venta de la Rubia y sigo por el camino paralelo a la valla. Dentro de la finca, se pueden ven grandes bandos de pinzones vulgares. Es un ave muy común en Europa, y en Alcorcón, aunque se puede ver todo el año, es ahora cuando hay un mayor número de individuos, ya que muchos proceden del norte del continente. También me encuentro alguna que otra cogujada al pie del camino.
Llego al primer encinar y me quedo un rato observando. La misma quietud que en otros lugares. Tan sólo el estruendo de un numeroso grupo de grajillas rompe el silencio del lugar. No las he contado, pero hay muchísimas, volando por encima de la finca en grupo. Y, como no, urracas.
Doy media vuelta y regreso por el mismo camino hasta llegar de nuevo a la arboleda donde estuve detenido un rato, pero antes de llegar, una hermosa garza real surca el cielo con su majestuoso vuelo. Quiero ver mochuelos. En breve va a anochecer y es hora de empiecen a salir. Me quedo un rato esperando pero no hay suerte. Algún colirrojo, algunos pinzones, pero no veo mochuelos. El sol ya está bastante bajo y empiezo a notar que la temperatura ha comenzado a descender bruscamente. Ya no es la temperatura agradable de cuando inicié mi andadura. Prosigo mi camino de regreso andando. A escasos metros de mí, un ave que había escapado a mi vista sale de un árbol: Un mochuelo. Unos metros más allá, en otro árbol cercano, misma cosa. Y como no hay 2 sin 3, un poco después otro mochuelo. Ya sabía yo que aquí los iba a ver. Pero el sol bajo y de frente junto con los colores miméticos del mochuelo, y los troncos retorcidos de los árboles me impidieron verlos a tiempo para deleitarme con su visión. Simplemente me fascinan.
Tomo ya el camino de vuelta y un sonido llama mi atención. Miro al cielo y ahí está un grupo de 17 grullas en su típica formación de punta de flecha pasando encima de mi. Y unos metros más a la izquierda un grupo mayor de unos cien individuos, repitiendo formación y con destino suroeste que pasa por encima de los campos de Alcorcón. A buen seguro se dirigirán a Extremadura, a pasar el invierno para tomar fuerzas de cara a la época de cría que tendrá lugar en latitudes más septentrionales que la nuestra. Unos metros más adelante, me topo con un pinzón real, el primero que veo en Alcorcón. Con esta sorpresa termina mi visita a esta zona una tarde cualquiera de Diciembre.
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23 diciembre 2012
07 agosto 2012
Cae la noche en Alcorcón
La noche cae en Alcorcón. Muchas criaturas aprovechan la oscuridad para salir de sus escondrijos.
Nos encontramos en los terrenos que rodean la Venta de la Rubia. Mientras paseo por el alcornocal, se me cruzan de vez en cuando algún mochuelo. Alguna paloma torcaz levanta apresuradamente el vuelo rompiendo el silencio y la magia del momento. Los conejos hacen su aparición en gran número. Hay zonas de Alcorcón donde son numerosísimos. Uno lamenta que cuando llegue la temporada de caza, también habrá muchas bajas. Alguno se confía tanto que se coloca a sólo unos metros de mí. Uno de mis objetivos era observar algún zorro, que también los hay por la zona. Pero no tengo éxito.
Cojo la bici y me marcho a otra zona: Las Presillas. Lo primero que hago es bordear el pequeño lago artificial. Los murciélagos revolotean en gran número sobre el agua. Algunos parecen que van a chocar contra mi cabeza, pero en un último giro brusco, me esquivan, dejéndome con el susto en el cuerpo. Alguna rana se escucha sobre la aún escasa vegetación del lago. Y más conejos. Algunos corren delante de mi bici como queriendo retarme.
Llego a la zona del pinar. De nuevo la paz. Impresiona observar este bonito pinar desde su interior en medio de la noche. De nuevo la magia es rota por alguna paloma torcaz o alguna urraca que alerta de nuestra presencia con su grito de alerta que debe ser oído en todo el bosquete. Así es difícil que ninguna rapaz nocturna se acerque. A lo lejos se escucha alguna perdiz que va despidiendo el día. Una sombra oscura y silenciosa se mueve delante de mí. Otro mochuelo a escasos metros. La oscuridad le da seguridad. Él me observa pero yo no alcanzo a verlo bien. Pasados unos minutos, empiezo a escuchar el lamento de algún ser que bien podría ser una lechuza. No lo puedo asegurar categóricamente, porque desgraciadamente no he escuchado muchas. Cada día son más escasas. Minutos más tarde tengo el premio que venía buscando. En medio del pinar otra gran sombra silenciosa rompe la monotonía del lugar. Sólo alcanzo a ver su tamaño, de gran envergadura, y la coloración blanca de las plumas inferiores. Se posa en una rama. Posiblemente él me ve a mi. Yo a él sólo alcanzo a ver el contorno. Está como a unos 60 metros, por lo que no alcanzo a ver qué es. Le veo acicalarse las plumas durante unos minutos y luego levanta el vuelo y se marcha. Con un vuelo bajo, para evitar las ramas de los pinos, y silencioso desaparece en la espesura del bosque. ¿Cárabo o búho chico? Imposible de saber, ya que ambos tienen la coloración inferior de las alas de color claro. Me quedo con la duda pero también con el regusto de saber que en la noche de Alcorcón, existen otras muchas criaturas desconocidas que habitan en nuestro entorno. Una razón más para no agredir el medio natural que rodea nuestro municipio.
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03 junio 2011
El duende de la noche

Caen los últimos rayos de luz sobre los campos de la zona norte de Alcorcón. Me encuentro ubicado en una pequeña zona arbolada, inmóvil en mi coche, atento a todo cuanto acontece a mi alrededor. Desde aquí escucho las últimas notas del macho de la perdiz llamando a la hembra. Los últimos vuelos rasantes de los vencejos antes de ascender a las alturas a pasar la noche. Un milano negro sobrevuela la zona por última vez antes de ir a su dormidero. Como pequeñas sombras salidas de la nada, empiezan a aparecer los mochuelos comunes. Como duendes del bosque. Esta zona, se encuentra llena de agujeros que los pájaros carpinteros han ido haciendo a los largo de los años o de huecos que el paso del tiempo ha ido creando en los árboles más viejos y débiles. Estos agujeros son aprovechados ahora por los mochuelos como nidos. Casi cualquier agujero les vale. No lejos de aquí localicé un nido situado en un agujero en el suelo, en un pequeño montículo, al alcance de cualquiera. Por supuesto, por seguridad, omito dar más señas.
Observo varios ejemplares, moviéndose de árbol en árbol, tratando de probar fortuna en el arte de la caza.
Aunque hay varios ejemplares por la zona, me fijo sólo en uno de ellos. En el transcurso de 1 hora, ha utilizado 3 diferentes posaderos desde donde escudriña el suelo en busca de presas. Y no le ha ido nada mal. Ha hecho 13 lances y siempre regresa al nido para alimentar a sus crías. Después, regresa al posadero.
El mochuelo común es bastante abundante en los campos que rodean a la ciudad de Alcorcón, tanto en la zona de la Venta de la Rubia como en las Presillas. Incluso una vez observé uno atropellado en una calle de Alcorcón. ¿Puede haber mochuelos viviendo en algún parque de Alcorcón? Podría, aunque no los he visto.
Se alimenta principalmente de insectos y pequeños mamíferos, pero no hace ascos a pequeños pájaros, reptiles o anfibios. Son, por tanto, muy beneficiosos para el hombre.
De todas las rapaces nocturnas, es la más fácil de ver, incluso a plena luz del día. Varias horas antes del anochecer ya se le puede ver posado en algún árbol, piedra o poste. Cuando se siente amenazado, comienza un ritual estirándose y encogiéndose para luego buscar otro posadero donde se sentirá más seguro.
Este ave aglutina en su pequeño cuerpo toda la belleza de las rapaces nocturnas, sobre todo sus maravillosos ojos. Será una de las aves más afectadas por el desarrollo del Distrito Norte, pues es en esta zona donde encontramos la mayor población dentro del territorio municipal de Alcorcón.
Ha sido declarada Ave del Año 2011 por SEO-Birdlife (La Sociedad Española de Ornitología), para llamar la atención por el dramático descenso de su población, nada menos que un 40% en la última década. Desgraciadamente, el Distrito Norte va a aportar su granito de arena a este descenso.
En manos de nuestros políticos queda que podamos seguir disfrutando de su presencia por más tiempo. No es un gran consuelo, ciertamente.
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