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16 abril 2022

La importancia del anillamiento científico

 


La información es la mejor herramienta que existe para la conservación. Aquello que no se conoce con detalle no se puede proteger. Por eso el anillamiento científico es tan importante. Ayuda dando datos muy cruciales sobre las aves silvestres: Sus movimientos migratorios, sus tasa de mortalidad, de supervivencia, expansión hacia nuevas áreas de las especies, datos de longevidad, potenciales áreas de alta mortalidad... Con estos datos, se pueden establecer medidas que ayuden a la protección de una especie o de las especies de una zona. 

Existen las clásicas anillas metálicas, cuya lectura se realiza mediante recapturas, y luego existen anillas de PVC para lecturas a distancia, además de collares y bandas alares.

Sea como fuere, cuando se realiza la lectura de alguna de estas anillas, es importante notificar a una oficina de anillamiento el código de la misma para actualizar los datos del individuo y poder conocer un poco más por dónde se ha estado moviendo desde que fue anillado.

Hace unos meses, pude fotografiar una garza real que poseía una anilla de PVC donde se podía leer perfectamente el código. Éste fue notificado a la oficina de anillamiento del CSIC de la Estación Biológica de Doñana (http://anillamiento.ebd.csic.es/IniciarAction.do) y al poco tiempo me mandaron el historial del ejemplar:




    Gracias a esa anilla, pude conocer que se trataba de una garza nacida en el Embalse de Castrejón, en Toledo, y que tenía 3 años. Y esta garza ha elegido el Parque de las Presillas para venir a alimentarse, lo cual agradecemos los amantes de las aves de nuestro municipio por regalarnos su bella estampa. 

23 diciembre 2012

Paseo por la Venta de la Rubia en una tarde invernal

Después de varios días nubosos, la tarde ha salido bastante soleada y agradable, lo que invitaba a dar un paseo por los parajes que rodean la finca de la Venta de la Rubia.
Los campos en esta época del año viven una gran calma, lo que sirve de relajación para el visitante. Los animales están menos activos, se muestran menos y también hay menos gente en el campo. Sólo los sonidos lejanos de las escopetas rompían la monotonía del sonido ambiental.
Tomo la bicicleta y cojo el camino que sale justo detrás de la rotonda de Tres Aguas.
En este camino ya me encuentro las primeras aves: Lavanderas blancas.
Llego a la primera arboleda, y sólo alcanzo a ver a las sempiternas urracas. Prosigo mi camino y llego a la segunda arboleda, la que más me gusta. Paro un rato pero no veo demasiadas aves. Se ve algún solitario colirrojo tizón y algún pequeño bando de pinzones vulgares. A lo lejos resuena el reclamo ruidoso de un pito real.
Como no hay demasiado movimiento, me pongo en marcha de nuevo. Bordeo la finca de la Venta de la Rubia y sigo por el camino paralelo a la valla. Dentro de la finca, se pueden ven grandes bandos de pinzones vulgares. Es un ave muy común en Europa, y en Alcorcón, aunque se puede ver todo el año, es ahora cuando hay un mayor número de individuos, ya que muchos proceden del norte del continente. También me encuentro alguna que otra cogujada al pie del camino.
Llego al primer encinar y me quedo un rato observando. La misma quietud que en otros lugares. Tan sólo el estruendo de un numeroso grupo de grajillas rompe el silencio del lugar. No las he contado, pero hay muchísimas, volando por encima de la finca en grupo. Y, como no, urracas.
Doy media vuelta y regreso por el mismo camino hasta llegar de nuevo a la arboleda donde estuve detenido un rato, pero antes de llegar, una hermosa garza real surca el cielo con su majestuoso vuelo. Quiero ver mochuelos. En breve va a anochecer y es hora de empiecen a salir. Me quedo un rato esperando pero no hay suerte. Algún colirrojo, algunos pinzones, pero no veo mochuelos. El sol ya está bastante bajo y empiezo a notar que la temperatura ha comenzado a descender bruscamente. Ya no es la temperatura agradable de cuando inicié mi andadura. Prosigo mi camino de regreso andando. A escasos metros de mí, un ave que había escapado a mi vista sale de un árbol: Un mochuelo. Unos metros más allá, en otro árbol cercano, misma cosa. Y como no hay 2 sin 3, un poco después otro mochuelo. Ya sabía yo que aquí los iba a ver. Pero el sol bajo y de frente junto con los colores miméticos del mochuelo, y los troncos retorcidos de los árboles me impidieron verlos a tiempo para deleitarme con su visión. Simplemente me fascinan.
Tomo ya el camino de vuelta y un sonido llama mi atención. Miro al cielo y ahí está un grupo de 17 grullas en su típica formación de punta de flecha pasando encima de mi. Y unos metros más a la izquierda un grupo mayor de unos cien individuos, repitiendo formación y con destino suroeste que pasa por encima de los campos de Alcorcón. A buen seguro se dirigirán a Extremadura, a pasar el invierno para tomar fuerzas de cara a la época de cría que tendrá lugar en latitudes más septentrionales que la nuestra. Unos metros más adelante, me topo con un pinzón real, el primero que veo en Alcorcón. Con esta sorpresa termina mi visita a esta zona una tarde cualquiera de Diciembre.